Mi Kitsch Kitchen, Palma, 26 de Abril de 2016,

Mis tonterías,

A veces en la tele ves un clásico que no viste antes y disfrutas un buen rato; y eso hago anoche, ver La leyenda de la ciudad sin nombre que es una movie americana de vaqueros. Un western poco convencional que narra la construcción, auge y declive de una ciudad habitada en exclusiva por hombres (me refiero a los del género masculino) que dictan sus propias leyes.

Una comedia genial y divertida que habla sobre moralidad, codicia, amistad, religión y amor, pero solo un poco.
Además, que observar cantar con estilo de musical y a pleno pulmón mientras reparten bofetadas a diestro y siniestro a los duros del cine Hollywoodense Lee Marvin y Harry el Sucio es un lujo impagable.

Señor Rumson, ¿es que cree usted que todo lo que produce la tierra debe usarse para hacer licor?

Si, siempre que sea posible.

Debería leer la Biblia, señor Rumson.

Ya he leído la Biblia, señora Fenty.

¿Y no le animó a dejar la bebida?

No, pero frenó mi interés por la lectura.

El padre Fortea da señales de vida justo en el preciso instante que un Lee Marvin muy borracho participa en una subasta pública algo heavy pero terriblemente morbosa de la segunda mujer de un fanático mormón evangélico. Mi amigo el exorcista es asín casi siempre, innegablemente oportuno.
Resignada a la circunstancia decido abandonar por un rato el salvaje oeste americano y adentrarme unos minutos en la inhóspita selva amazónica peruana; que es donde permanece escondido desde hace dos semanas el sacerdote. Cazando diablos, dice, o algo parecido.

La culpa del lío del carajo la tienen Mario Huamán por narrar leyendas absurdas y Acham Hellman por ser un embaucador de serpientes.
El Padre Fortea está sumergido en la frondosidad de la llanura peruana buscando a un tal chullachaqui, un diablo bajito que viste con un poncho colorado.
Según explica Mario y confirma más tarde Acham Hellman, la satánica criatura lleva siglos aterrorizando a los habitantes de la selva peruana porque apresa y transforma en súcubos a las chavalas más hermosas que caminan solas como mi querida Lilith bíblica.
Y como el escritor y el diablo, ambos dos, juntos o por separado, confirman al sacerdote que el diablo se aparece a las personas perdidas, el hombre va y se pierde en la profundidad de la selva peruana con un móvil sin batería, el rosario de perlas nacaradas bendecido por el papa Francisco y cinco litros de agua bendita del río Jordán fabricada y facturada por la compañía SCV BERTONE SA.
La llamada que recibo es a cobro revertido desde el teléfono público que posee la compañía Telefónica España en la desembocadura del río Las Piedras. No tengo más remedio que aceptar y costear la llamada.

Escucho al otro lado de la línea a un padre Fortea excitado explicar nervioso y entre susurros, con un horroroso y aterrador ruido de fondo, que tiene al demonio bajito y colorado localizado en una cabaña de una aldea perdida pero infestada de mosquitos y cucarachas. Ha decidido, dice, que cuando la luna amazónica desaparezca, le ataca.

De repente y tras varios beeeep beeeep bzzzzzzzzzzzzrrrrrrrrr, la línea se corta.

Cuelgo el teléfono despacio y dirijo una mirada severa hacia Acham Hellman que disimula y sigue repantingado, en el sofá rojo de mullidos almohadones púrpuras, haciendo que lee La casa de las miniaturas de Jessie Burton.

¡Ya te vale! guapo, le digo, ahora mismo haces el petate y te vas al Perú a echar una mano al sacerdote.

 

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About María Julia Bennassar

Hola! Soy María Julia, Una arquitecta técnica a la que le gusta el ARTE y escribir; suena raro, lo sé

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