MI KITSCH KITCHEN, Palma, 2 de Enero de 2018

Mis tonterías,

Querido lector,

En la Fundación Juan March de Palma puedes visitar hasta el tres de febrero una colección de grabados cubistas de Pablo Picasso. Colega, es que el artista español siempre dio gran importancia a las técnicas antiguas, es más, desde 1899 a 1972 el malagueño realizó más de dos mil grabados.

Pero tranquilo, no te calientes demasiado y sigue leyendo, que hoy no tengo intención de aburrir al personal contando las diferentes técnicas de impresión que tienen el denominador común de dibujar una imagen sobre una superficie rígida dejando una huella para alojar la tinta y ser transferida por presión a otra superficie para permitir obtener varias reproducciones de las estampas, sino de contar un concepto artístico súper secreto para el mundo del arte contemporáneo:

“El libro negro de Giovanni Papini”

Verás, hace dos meses tuve que asistir a la peor conferencia de la historia del arte. En serio, fue absolutamente infumable.

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Tête d´homme, 1912. Agua fuerte sobre papel Arches. Pablo Picasso–Fundación Juan March de Palma

Te juro por Belcebú y los demonios del averno que lo que cuento es cierto y que en la carpeta roja de asuntos pendientes tengo archivadas las pruebas del flagrante delito.

La historia de la peor conferencia de la historia del arte comenzó una soleada mañana de noviembre cuando CgH llamó por teléfono al taller para invitarme a la clase magistral de Alejandro Gabriel Chipote, un galerista mexicano súper importante que había aterrizado esa misma mañana en Palma para dar una conferencia titulada: “Arte contemporáneo: del mito prehistórico a Pablo Picasso” 

–Colega, te espero esta noche en el Consulado –escucho que dice CgH al otro lado de la línea–¡Verás que bien lo pasamos!  Ese tipo mola un huevo ¡Es súper cultísimo! 

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L´homme à la guitare, 1915. Buril sobre papel Japonés. Pablo Picasso-Fundación Juan March en Palma

Tranqui, colega, sigue leyendo que tampoco tengo intención de contar con pelos y señales una conferencia súper deslavazada que fue animada por un Powerpoint feísimo con la música de Albeniz a todo trapo. Porque lo único reseñable de esa aburrida tarde fue que el galerista mexicano mencionó a dos grandes amigos del mundo del arte Giovanni Papini Pablo Picasso, uno de los escritores italianos más importantes del siglo XX y uno de los pintores españoles más importantes del siglo XX.

y por fin he llegado al meollo del asunto, a lo realmente importante:

En 1951 Giovanni Papini escribió el Libro Negro como continuación de la novela GOG, la historia de un multimillonario que después de vivirlo, conocerlo y gustarlo todo se internó en una casa de salud con el único pasatiempo de recordar sus desorbitadas y alocadas extravangancias. Su enorme fortuna le había permitido comprar varias entrevistas con los personajes más destacados de la vida política, artística y literaria de su época así como realizar las colecciones más excepcionales que puedas imaginarte. Colega, te recomiendo seguir leyendo porque te aseguro que las reflexiones de Gog son un símbolo de nuestra época y que entre las páginas de la novela encontrarás la solución más clarividente y audaz que se ha escrito en la literatura universal sobre tus problemas.

–Usted no es ni crítico ni esteta, me dijo Picasso, y por lo tanto puedo hablar con usted libremente. Cuando era joven tuve como todos los jóvenes la religión del arte, del gran arte. Pero más adelante, a medida que pasaron los años, me di cuenta de que el arte, tal cual fue entendido hasta el siglo XIX inclusive, ya está concluido, moribundo, condenado, y que la llamada «actividad artística», con la misma abundancia que ostenta, no es más que la multiforme manifestación de su agonía. A pesar de las apariencias en contrario los hombres pierden más y más el afecto hacia las pinturas, las esculturas y la poesía. Los seres humanos de ahora han puesto su corazón en cosas completamente diversas: máquinas, descubrimientos científicos, riquezas, dominio de las fuerzas naturales y de las extensiones de la tierra. Ya no sienten el arte como una necesidad vital, espiritual, como sucedía en los siglos pasados. Muchos de ellos continúan actuando como artistas y ocupándose del arte, pero lo hacen por razones que poco tienen que ver con el verdadero arte, lo hacen por espíritu de imitación, por la nostalgia de la tradición, por la fuerza de la inercia, por amor a la ostentación, al lujo, a la curiosidad intelectual, por seguir la moda o por cálculo. Por hábito o por esnobismo viven todavía en un pasado reciente, pero la inmensa mayoría, tanto de la clase elevada como de la inferior, no siente una sincera y cálida pasión por el arte, al que considera, a lo más, como una expansión, una diversión o un ornato. Poco a poco, a medida que las nuevas generaciones se enamoren de la mecánica y de los deportes, se vuelvan más sinceras, mas cínicas y más brutales, dejarán el arte en los museos y bibliotecas, como restos inútiles e incomprensibles del pasado.
¿Qué puede hacer un artista que, como me ha sucedido a mí, ve con claridad ese próximo fin? Sería un partido demasiado duro cambiar de ocupación, y además, peligroso desde el punto de vista alimenticio. Para él no quedan más que dos caminos: procurar divertirse y procurar ganar dinero […]”

Fragmento de: Giovanni Papini. “El libro negro”

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Descubriendo el Mundo de nuevo, tras un largo descanso

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Arte, Trivialidades

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