30 abril, 2018

Warhol, mon ami

CaixaForum Madrid, 25 de Abril de 2018

Mis tonterías

 

Querido lector,

¡Por fin hemos visitado la exposición: Andy Warhol. El arte mecánico!

Verás, hace tiempo que la jefa deseaba ir a Madrid. Incluso tenía varias fechas señaladas con el rotulador negro tungsteno en el calendario sujeto con un imán en forma de fresa a la nevera de la cocina pero, entre una cosa y la otra, no encontraba el hueco en su agenda (en la redacción es un secreto a voces que la jefa de MI KITSCH KITCHEN se organiza fatal).

Menos mal que al final logramos que se pusiera las pilas y rompiera la hucha del cerdito rosa del escritor torturado para comprar dos billetes de avión Palma-Madrid y viceversa. Colega, no lo vas a creer, pero esa compañía irlandesa ha mejorado cantidubidubidubi desde que diseñó “Priority”. Ahora te asignan un número de asiento al facturar mientras compras mogollón de extras, alquilas el coche y reservas la habitación del hotel (pero ten mucho cuidado en donde pinchas porque puedes acabar viajando en LowCost a precio de Qatar Arways).

En fin, que en abril visitamos CaixaForum Madrid para saludar al icono cultural del siglo XX.

–¡Cáspitas! ¿En que quedamos? ¿El icono cultural del siglo XX no era Marcel Duchamp?–pregunta José Luis mientras consulta la Wikipedia en el MacBook Air de trece pulgadas.

–Yo prefiero a Warhol–responde la jefa, que entra en la cocina con una pila inmensa de sábanas sucias –ahora estoy leyendo sus Diarios y me están resultando apasionantes, igual que encontrar una linterna con las pilas cargadas en un túnel subterráneo superoscuro,–dice mientras introduce las sábanas en la lavadora,–a propósito–continúa diciendo–lo de que me organizo fatal es una bola del editor.

–Pero Jefa, si tu jamás haces una lista,–dice el exorcista, que está escribiendo una carta a la embajada de Armenia.

–Y por eso siempre te olvidas de comprar la leche–dice el escritor torturado, que acaba de levantarse y está abriendo la nevera–lo ves,–dice señalando el estante vacío,–no hay leche.

Andy Warhol, Brillo Box

Brillo Box, 1964-1968. Polímero sintético y tintas serigráficas sobre madera. Cinco Cajas Brillo Box y una caja de Kétchup Heinz. Andy Warhol elegía a sus objetos porque se reconocían fácilmente. Por ejemplo, las cajas Brillo eran el envase preferido de los norteamericanos para enviar y almacenar libros, vajilla, ropa o transportar a casa unos gatitos. La intención de Warhol era reiterar a Duchamp y cuestionar el “arte”. Estas cajas fueron fabricadas por los asistentes de Warhol como si The Factory se tratara de una cadena de montaje.

 

Anyway,

El mundo del Arte está invadido de Cajas Brillo. Cualquier coleccionista, galería o museo que se precie desea poseer una de estas cajas para engrosar su colección de arte contemporáneo.

Recuerdo que en 1968 el Moderna Museet (Museo de arte contemporáneo de Estocolmo) organizó una exposición de Cajas Brillo. Pontus Hultén, presidente del museo y comisario de la exposición, nos aseguró que Warhol le había autorizado la producción de 100 cajas y facilitado una plantilla de cartón para que la usara.

Resumiendo, que en Suecia se pintaron y serigrafiaron quince cajas de madera pero, como allí se organizan como la jefa, se les echó el tiempo encima y no pudieron pintar más, así que Hulten solventó el problema encargando 500 Cajas Brillo de cartón a la fábrica Brillo de Brooklyn, Nueva York.

Esas cajas acabaron apiladas a ambos lados de la entrada de la exposición. Años más tarde, en 1990, Hultén encargó fabricar otras 105 nuevas Cajas Brillo de madera para una exposición sobre Pop Art en Rusia asegurando que Warhol le había autorizado a ampliar la serie. Es curioso, ni las cajas de madera ni las de cartón las hizo Warhol, ni siquiera las vio o supervisó, pero fueron autentificadas por el Comité que se encarga de autentificar las obras de Warhol y ahora se subastan en el mercado del arte por un pastón de money. Una historia del mundo del arte supercuriosa ¿No te parece?

Andy Warhol, Gold Marilyn

Gold Marilyn, serigrafía y pintura dorada sobre lienzo. En la prensa estadounidense la muerte de la actriz fue objeto de gran sensacionalismo: la primera plana del New York Daily Mirrow anunció el el 6 de agosto de 1962: “Marilyn Monroe se suicida/ Hallada desnuda en la cama/ la mano en el teléfono/ Se tomó 40 pastillas/” La imagen que diseña Warhol de una Marilyn sobre un fondo dorado se asemeja a los iconos religiosos que vemos en las iglesias ortodoxas por toda Europa Oriental; las creencias espirituales de Warhol y su pasión por Hollywood unen los iconos de la iglesia católica bizantina con la veneración a las celebridades modernas.

Warhol era frívolo, descarado y extravagante.

Pero también un católico devoto. Aunque esa faceta solo la conocían sus más allegados. Colega, Andy Warhol era una persona superreligiosa que iba a misa casi a diario, a la iglesia católica bizantina del lujoso Upper East Side de Manhattan, un pequeño rincón de Nueva York muy alejado de The Factory, el taller donde trabajaba, que era frecuentado por mogollón de personalidades excéntricas y estrafalarias.

No te vayas a creer que el catolicismo de Warhol fue algo repentino, que el colega era hijo de inmigrantes eslovacos y fue educado en el rito bizantino católico. Algunos cotillas del arte opinan que su catolicismo, su gran sensibilidad y su visión crítica del siglo XX compondrán su famosa “Cara B”.

Cualquier observador avispado podrá comprobar en CaixaForum Madrid que la vena católica está superpresente en toda su obra, desde los retratos de Marilyn, Jackie Kennedy o Mao a las series de accidentes de tráfico y sillas eléctricas.

Andy Warhol-Facsímil del papel pintado con Mao

Facsímil del papel pintado con Mao, 1974. Serigrafía sobre papel. Andy Warhol inició su primera serie de cuadros de Mao en marzo de 1972, poco después de que Nixon visitara China por primera vez. Termino esta serie de 11 obras en junio de ese mismo año. Warhol tomó como base el cartel oficial de Mao Zedong que colgaba de todos los edificios de Pekín durante la visita del presidente estadounidense, y que era la reproducción fotográfica de Mao usada en su conocido libro rojo. La paradoja que buscaba el artista era convertir al máximo propagador del comunismo en un producto de consumo para la economía capitalista. El mismo Warhol imprimió y pintó los cuadros de esta serie en una magnífica propuesta Pop: dejó uno sin pintar, nueve de ellos los pintó a mano, ligeramente, sobre la impresión, y pintó uno totalmente, el de la fotografía.

Es curioso, porque la crítica siempre le acusó de ser “un artista de los negocios”, sobre todo a raíz de sus confesiones en el libro autobiográfico La filosofía de A a B y de B a A,  donde exponía su pensamiento con gran rotundidad y sentido del humor: “Hacer dinero es arte, y el trabajo es arte, y un buen negocio es el mejor arte”.

Muy pocos conocían que gran parte de ese dinero iba destinado a actos de caridad, a las manos de los más desfavorecidos. Otra historia supercuriosa del mundo del arte ¿No te parece?

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Descubriendo el Mundo de nuevo, tras un largo descanso

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Arte

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