MI KITSCH KITCHEN, Palma, 9 de junio de 2018

Mis tonterías,

 

 

Querido lector,

¿Sabes quien es Maurizio Cattelan? ¿Por qué le consideran el artista más guasón del arte contemporáneo? ¿Por qué le idolatran los comisarios de arte? ¿Por qué le adoran los galeristas? ¿Por qué le aman los coleccionistas de arte?

Pues yo tampoco…

Verás, Maurizio Cattelan es superconocido en el mundo artístico por su faceta taxidermista, su obra Novecento es un viejo caballo de carreras disecado llamado Tiramisú que está colgado del techo por un arnés y Bidibidobidiboo, una ardilla disecada desplomada sobre la mesa de su cocina con una pistola a su pies.

¿Qué idea genial puede esconderse detrás de un viejo caballo de carreras disecado y colgado del techo?

–Jefa –dice el editor, muerto de la risa–ese colega siente un afecto ” muy especial” por las mujeres, a propósito ¿No tenías una amiga alemana llamada Bárbara que era una experta en cocinar Tiramisús? Igual deberías llamarla para decirle que cambie de receta…

Mauricio Cattelan, The End

Obra titulada The End (Fin) de Maurizio Catalan. © Photography by Puntadelsole. En 2011, Mauricio Cattelan anunció que no volvería a hacer arte (gracias a Dios) y accedió al Museo Guggenheim de Nueva York con una lápida (es una lástima)

Colega, no lo vas a creer, hay mogollón de gente dispuesta a vender su alma al editor de MI KITSCH KITCHEN a cambio de un “insulto artístico”. François Pinault, por ejemplo, el empresario francés que preside un enorme conglomerado de empresas de superlujo y ostentación, me refiero a Gucci, Balenciaga, Ives Sant Laurent, Christie´s y todo eso, dice que es uno de los mejores artistas de nuestra época.

–¡Jefa! Pues si lo dice el Pinault será por algo ¿No te parece? –pregunta el editor–te recuerdo que es dueño del Palazzo Grassi–dice mientras abre la carpeta roja de asuntos pendientes–¿No fue allí donde Damien Hirst expuso sus restos del Unbelievable?

Pero empecemos por el principio ¿Te parece bien?

Mauricio Cattelan nació en Padua, Italia, en 1960, un año bisiesto que comenzó en viernes más conocido como el año de África, cuando la mayoría de naciones del continente lograron independizarse, y porque Jaques Piccard y Donald Walsh alcanzaron con su batiscafo el fondo de la fosa de las Islas Marianas, un sumergible de inmersión profunda que resiste grandes presiones. Su biografía oficial explica que antes de comenzar su carrera artística fue donante de esperma, y que trabajó de cocinero, jardinero y ayudante en un depósito de cadáveres. Los cotillas del arte comentan que se dedicó a diseñar muebles durante un corto periodo de tiempo, el suficiente para que, asombrosamente, una revista superprestigiosa de arte alabara sus escasos diseños y se hiciera famoso.

Él mismo dice, a todo el que le apetezca escuchar sus sandeces, que empezó a hacer arte porque las mujeres guapas siempre se sienten atraídas por los artistas (un comentario superantifeminista, solo tienes que leer la biografía de Ronni Wood).

En fin, inexplicablemente, Maurizio Cattelan consiguió su primera exposición en solitario en 1989, pero como no le llegó la inspiración, cerró la galería y colgó un cartel en la puerta que decía: “Vuelvo en seguida”. El cartel fue todo el arte que expuso el artista. En 1992 colaboró en una colectiva de Milán con una denuncia enmarcada del robo de “Una exposición invisible” (la policia italiana, una poli superdesorganizada, todavía la está buscando) y en la bienal de Venecia del 93 subalquiló su espacio a una empresa de publicidad que instaló un anuncio de un perfume de Schiaparelli, tituló la obra “Working is a bad job” (trabajar es un mal asunto).

–¡Ostras! ¿No sería el perfume de Elsa Schiaparelli, la diseñadora de moda?–pregunta el escritor torturado, que entra en la cocina con un paquete de folios rosas que acaba de comprar en el Chino de la esquina,–tíos, su padre era el decano de la Universidad de la Sapienza, un orientalista superconocido experto en sánscrito.

–¡Rayos y centellas!– exclama el exorcista mientras rellena la cafetera con agua mineral de Son Coco ¿Te refieres a la misma Elsa que se casó con el médium que era un conde alemán, y que la abandonó por la bailarina Isadora Duncan?

–Esa misma–responde el escritor torturado, dejando el paquete de folios rosas encima de la mesa,– ¡Jefa!–chilla mientras descarga sus posaderas en un taburete naranja–¡Que dice el Chino de la esquina que ya ha recibido las gomas de borrar masticables con los tonos del arco iris, que si quieres, te guarda un paquete!.

–No chilles, que no te oye… está concentrada escribiendo–dice el exorcista, sentándose en otro taburete,– Elsa Schiaparelli terminó en París rodeada de Dadaístas, el abandono del espiritista alemán le sentó fatal.

– Juas, juas, juas 😂 🤣…pues a mi las bromas de Maurizio Cattelan me resultan encantadoras–dice el editor, muerto de la risa–de una sencillez conmovedora.

Y en 1994, en una galería de la gran manzana, ató un burro vivo a una araña de cristal, el animal se cagó y el Departamento de Sanidad de Nueva York tuvo que clausurar el local. Un año más tarde, en 1995, en la galería Emmanuel Perrotin de Paris, convenció al galerista para que se vistiera cada día, durante cinco semanas, de pene gigante de color rosa y tituló la exposición Errotin le Vrai Lapin (Errotin, el conejito), y en 1999 sujetó a una pared de una galería, con cinta adhesiva, a Massimo de Carlo, su marchante de Milán, y tituló la obra A Perfect Day (Un día perfecto). El marchante acabó ingresado en el hospital.

–¿Pero quien puede disfrutar con este tipo de arte?–pregunta el escritor torturado, muy asombrado–en serio, no lo entiendo.

–Colega, eres más pánfilo que tu Jesús–dice el editor, dándole una colleja– Batuadei! Así es imposible que salgas adelante…

Maurizio Cattelan-Untitled

Obra sin título de Maurizio Cattelan, 2011, Museum Boijmans Van Buningen © Photography by Niels from Amsterdam, NL. (El editor de MI KITSCH KITCHEN se abstiene de comentar esta obra, dice que es bastante obvia)

En 1990 montó una exposición con obras robadas a un artista que exponía en una galería cercana y al año siguiente imaginó una escultura del papa Juan Pablo I siendo atacado por un meteorito. Cuando un coleccionista le encargó el retrato de su abuelo, le devolvió una escultura a tamaño real de una anciana enclaustrada en un frigorífico; y cuando Peter Brant, el famoso coleccionista de arte, le encargó el retrato de su mujer, la ex modelo Stephanie Saymour, le hizo un busto de Seymour como si fuera una cabeza de ciervo que llamó «Mujer trofeo».

Tristemente, en 2016, Maurizio Cattelan regresó al Guggenheim de Nueva York con un retrete de oro a tamaño natural que debía sustituir al habitual de porcelana, donde los visitantes del museo hacen sus necesidades. La obra se titula America y no tengo claro si es un homenaje a Donald Trump, a Marcel Duchamp o a Piero Mazoni.

No es mi trabajo decirle a la gente qué significa una obra, aunque admito que tendrá “significado” para mucha gente.

Maurizio Cattelan

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P.D: El editor de MI KITSCH KITCHEN desea invitar a Maurizio Cattelan a cenar:

Maurizio, campeón, espero que leas estas líneas…verás, es que deseo invitarte a cenar. Estoy preparando una quedada con mis primos que será alucinante, estoy superseguro de que te vas a partir de risa.

Un achuchón

Acham Hellman

P.DD: No te preocupes por tu alergia a la langosta, el jamón será cinco jotas.

 

 

 

 

 

 

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About María Julia Bennassar

Hola! Soy María Julia, Una arquitecta técnica a la que le gusta el ARTE y escribir; suena raro, lo sé

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